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Aviso de supervisión y control remoto

Qué ve RemoteHub de tu equipo, y qué no

Última actualización: 2026-08-24 · Aviso de supervisión versión 6

Esta página está escrita para la persona que está delante del equipo: el estudiante de una sala de informática, o quien trabaja en un computador de su empresa. No es un resumen comercial. Donde el producto hace algo incómodo, lo dice.

Lee esto primero

Son dos cosas distintas y conviene no confundirlas

1. La sesión de control remoto. Alguien ve tu pantalla en vivo y puede mover tu ratón y escribir con tu teclado. Ocurre solo mientras dura la sesión, y mientras se está registrando tienes en pantalla un aviso que nadie puede cerrar. Ir a esa sección.

2. La supervisión de actividad. No hay nadie mirando: es un registro de qué programas se usan y, si la organización lo activa, qué páginas se abren. Ocurre solo mientras hay una sesión de control remoto en marcha, y mientras dura lleva su propio indicador en pantalla. Ir a esa sección.

No son independientes: la supervisión de actividad solo ocurre DENTRO de una sesión de control remoto. Puede haber una sesión sin supervisión —lo normal— pero no supervisión sin sesión. Fuera de una conexión, el equipo no registra nada.

Empecemos por lo importante

Las cuatro preguntas rápidas

¿Se graba mi pantalla en vídeo?
No. La imagen se transmite en vivo y se descarta. El codificador de vídeo no tiene ninguna salida a fichero: su único destino es la conexión de la sesión. No existe en la base de datos ninguna tabla de vídeos, capturas ni miniaturas, y el visor del operador no tiene ninguna función de grabación.
¿Se guarda lo que escribo con el teclado?
No. No hay ningún capturador de teclado en el producto. En la sesión remota, las teclas viajan del operador hacia tu equipo (no al revés) y se ejecutan sin registrarse. En la supervisión de actividad no existe siquiera un tipo de dato «teclas»: solo puede registrar aplicaciones, inactividad y comandos que Windows ya audita por su cuenta.
¿Se escucha mi micrófono o se enciende la cámara?
No. Los dos codificadores de pantalla llevan el audio desactivado de forma explícita, y no existe ninguna petición de micrófono ni de cámara en ninguna parte del producto.
¿Puede entrar alguien sin que yo me entere?
Sin que lo apruebes en ese momento, sí. Sin que te enteres, no. Hay tres vías de acceso que no muestran un diálogo pidiéndote permiso (PIN, contraseña diaria y reserva de sala). En todas ellas aparece igualmente el aviso permanente en pantalla mientras dure la sesión. Está explicado sin rodeos en la sección 2.

Sección 1

La sesión de control remoto

Una sesión remota es una persona (el «operador») viendo tu pantalla en vivo desde su navegador y, si tiene ese permiso, moviendo tu ratón y escribiendo con tu teclado.

Sí ocurre

Qué se ve durante la sesión

  • Tu pantalla entera, en vivo. Por defecto se comparte el escritorio completo: todo lo que esté visible, no una ventana concreta. Si tienes varios monitores, el operador puede elegir uno y entonces solo ve ese.
  • También la pantalla de bloqueo de Windows y los diálogos de permisos del sistema, que se capturan por una ruta técnica distinta.
  • Si el operador tiene el permiso de control, sus clics y sus teclas se ejecutan en tu equipo como si los hicieras tú.
  • Puede pegarte texto desde su portapapeles y, con el permiso de archivos, enviarte y recibir archivos.

No ocurre

Qué NO ocurre durante la sesión

  • No se graba vídeo, ni se guardan capturas, ni miniaturas.
  • No se registra lo que tecleas ni tus contraseñas.
  • No se captura audio, ni micrófono, ni cámara.
  • No se lee el contenido de tus archivos ni de tus mensajes: solo se ve lo que esté en pantalla en ese momento.
  • El servidor de RemoteHub no ve tu pantalla: coordina la conexión, pero la imagen no pasa por él.

Qué queda guardado después, y dónde

De la sesión no queda la imagen, pero sí queda un registro. Esto es lo que se conserva y cuánto:

  • Datos de la sesión — quién se conectó, a qué equipo, cuándo empezó, cuándo terminó, cuánto duró y un resumen de calidad de la conexión. También la dirección IP del operador, recortada a su red antes de guardarse (por ejemplo se guarda 200.1.2.0/24 en vez de la dirección exacta; el recorte no se puede deshacer). Se conserva 90 días.
  • Registro del consentimiento — quién autorizó la sesión, cuándo, por qué método y qué permisos concretos se concedieron. Es la prueba de que la sesión no fue unilateral. Se conserva 90 días.
  • Los mensajes de chat de la sesión, guardados en texto en el servidor. Se borran con la sesión, a los 90 días.
  • El nombre y el tamaño de los archivos que se transfirieron, no su contenido. Conviene ser claro: un nombre de archivo puede revelar bastante por sí solo. Se conserva 90 días.
  • Una línea de auditoría del inicio de la sesión y de los cambios de permisos. Se conserva 365 días. Solo la puede consultar el administrador de la plataforma RemoteHub.

El contenido de los archivos transferidos nunca pasa por el servidor: viaja directamente entre los dos equipos. En tu equipo se deja en una carpeta de recepción y se borra al terminar la sesión.

Por dónde viaja tu pantalla

Lo normal es una conexión directa entre el navegador del operador y tu equipo, sin intermediarios. Cuando eso no es posible —redes universitarias con aislamiento entre equipos, cortafuegos, NAT— el flujo pasa por un servidor de retransmisión de Cloudflare, que reenvía paquetes ya cifrados y no puede descifrarlos. Además, en cada conexión tu equipo consulta un servidor público de Google para averiguar su propia dirección IP pública; eso le revela a Google esa dirección y el momento de la conexión, y hoy no es opcional.

Precisión

Sobre el cifrado, con exactitud

El flujo viaja cifrado porque la tecnología que usamos (WebRTC) obliga a cifrarlo y no permite desactivarlo. Eso es cierto y es sólido.

Lo que no vamos a decir es que RemoteHub añada un cifrado propio por encima: no lo hace. Y dentro de tu propio equipo hay un tramo interno entre el codificador de vídeo y el programa que lo envía que va sin cifrar; lo único que lo protege es que ese tráfico nunca sale de tu máquina.

Sección 2

Quién puede entrar a tu equipo y con qué permiso

Hay cuatro formas de abrir una sesión contra un equipo. Solo la primera te pregunta en ese momento. Las otras tres se apoyan en una autorización que se dio antes, normalmente por el dueño del equipo o por la institución. Decirlo de otra manera sería engañarte.

Diálogo de consentimiento

Con diálogo

Quién puede usarla: El dueño del equipo y las personas a quienes se lo compartió

Aparece una ventana en tu pantalla pidiendo permiso, con el nombre de quien quiere entrar. Tienes 30 segundos para responder; si no respondes, se rechaza sola. El silencio nunca cuenta como un sí.

Detalle que juega a tu favor y conviene saber: el control de teclado y ratón arranca DESCONCEDIDO. Al aceptar, el operador entra en «solo ver». Si quiere controlar, tiene que pedírtelo aparte y tú tienes que aprobarlo. La transferencia de archivos también es un permiso separado y también arranca apagada.

PIN de acceso desatendido

Sin diálogo

Quién puede usarla: Quien conozca el PIN que configuró el dueño del equipo

El dueño del equipo puede fijar un PIN de 4 a 8 dígitos para poder entrar cuando no hay nadie delante. Quien lo presente entra sin que aparezca ningún diálogo. El PIN se guarda cifrado y nadie puede leerlo, ni siquiera un administrador.

Contraseña diaria

Sin diálogo

Quién puede usarla: El dueño del equipo y los administradores del plan de su institución

Es una clave que cambia sola cada día. Quien la conozca entra sin diálogo.

Esto viene activado por defecto en cada equipo nuevo. No es una opción que alguien tenga que encender: es el estado de fábrica, y el dueño tiene que desactivarla si no la quiere. Lo decimos porque es el tipo de cosa que nadie descubre hasta que le pasa.

Reserva de sala

Sin diálogo

Quién puede usarla: La persona que reservó ese equipo, dentro de su franja horaria

Es el caso de las salas de informática universitarias: reservas un equipo y entras desde casa en tu horario, sin que nadie tenga que aceptar nada delante de la máquina.

Aquí hay un matiz que hay que decir crudo: el consentimiento de esa sesión se atribuye al dueño del equipo, no a quien esté delante. La autorización que se invoca es la que dio el dueño cuando metió el equipo en una sala reservable. Para una sala vacía eso no plantea problema; para un equipo con alguien delante, sí, y por eso el aviso en pantalla sigue siendo obligatorio.

Precisión

Meter un equipo en una sala es la decisión más consecuente de todo el sistema

Un equipo dentro de una sala pasa a ser reservable, y una reserva abre el escritorio sin que nadie acepte un diálogo. Puede meterlo ahí el dueño del equipo o el administrador del plan de su institución, incluso sobre un equipo que no es suyo.

El contrapeso existe, y existe hoy en la web y en la aplicación de escritorio: hay aviso, y en la pantalla Equipos hay un botón «Sacar de la sala» que además corta cualquier sesión viva en ese momento.

Sección 3

Cómo te enteras de que te están viendo

Ninguna de las cuatro vías anteriores es silenciosa. Mientras haya una sesión activa, tu equipo muestra un aviso permanente en pantalla con:

  • El estado de la sesión y el nombre de quien está conectado.
  • Qué permisos tiene ahora mismo: si solo te ve, si puede controlar, si puede enviarte archivos, si el chat está abierto.
  • Desde qué hora dura la sesión, y qué monitor se está compartiendo.
  • Un aviso propio cuando la sesión es desatendida, es decir, sin diálogo previo.

Y desde ese aviso puedes actuar, no solo mirar

Los controles son reales y están implementados en el equipo, no son sugerencias que el operador pueda ignorar:

  • Quitar el permiso de pantalla detiene el codificador de vídeo. No es que se oculte la imagen del otro lado: deja de generarse.
  • Quitar el permiso de control hace que las teclas y los clics del operador se descarten antes incluso de interpretarse. Además se sueltan las teclas y botones que hubieran quedado pulsados, para que no se queden «pegados».
  • Sin permiso de pantalla tampoco se puede controlar. Es deliberado: nadie debe poder teclear a ciegas sobre un equipo cuya pantalla no ve.
  • Terminar la sesión desde el aviso. Se corta en ese momento y queda registrado que la cortaste tú.

Sección 4

La supervisión de actividad

El texto que sigue es palabra por palabra el aviso que se le muestra a quien se conecta al equipo, justo antes de entrar, y que esa persona tiene que aceptar para que la conexión siga. Sale de una única fuente en el código (packages/shared/src/activity.ts) y el servidor se lo manda al visor ya resuelto: los visores no llevan copia propia del texto, precisamente para que el acuse acredite lo que el servidor mostró y no lo que el programa de esa persona tuviera guardado. La aplicación de escritorio del equipo muestra otra ventana, con los mismos hechos pero dirigida a quien está físicamente delante de esa máquina —a quien no se le pide permiso, porque no es quien decide: se le informa de que su actividad puede quedar en el registro de la sesión de otra persona—. Y la licencia que se acepta al instalar no reproduce el aviso entero: lleva un resumen más corto que remite a esta página y no incluye el número de versión ni el plazo de borrado. Cuando se propone o se integra un cambio en la rama principal corre una comprobación automática que avisa si alguna de las dos frases clave —la que menciona las direcciones web y la que dice que fuera de una sesión remota no se registra nada— deja de aparecer en la fuente, en la ventana del escritorio o en la licencia del instalador. Es un aviso, no un freno: no impide por sí misma que la web se publique, y detecta que una copia se quedó atrás sin comparar el texto letra por letra. Si alguna vez ves aquí algo distinto de lo que te mostró tu equipo, es un error y queremos saberlo.

Durante tu sesión se registrará tu actividad en este equipo, y puede incluir las páginas web que abres. Y el portapapeles se comparte en los dos sentidos: lo que se copie en ese equipo puede llegar al tuyo, y lo que copies tú puede pegarse allí

El equipo al que te estás conectando tiene la supervisión de actividad activada por su propietario, que puede ser una organización o una persona. Lo que se registra es lo que ocurre DURANTE TU SESIÓN REMOTA: empieza cuando aceptas este aviso y termina cuando la conexión se cierra. Fuera de una sesión no se registra nada. Hay tres cosas que conviene que sepas, porque no siempre fueron así: antes se registraba todo el día, mientras la supervisión estuviera activa; ahora solo mientras dura una conexión. Antes lo aceptaba quien estuviera sentado delante del equipo; ahora lo aceptas TÚ, que eres a quien se va a registrar. Y antes aceptarlo no cambiaba nada: ahora, si no aceptas, la conexión no se establece y no se registra nada de ti. Lo que cambia en ESTA versión del aviso es QUÉ SE CAPTURA: durante tu sesión el portapapeles se comparte entre los dos equipos. Lo que se copie en el equipo al que te conectas puede llegar al tuyo —aunque lo haya copiado otra persona que esté sentada delante de él— y lo que copies tú puede pegarse allí. Ese contenido no se guarda en ningún sitio: se retransmite en el momento y se olvida. Está explicado más abajo, en «Qué NO se registra», y es el motivo por el que se te vuelve a pedir que aceptes.

Qué se registra

  • Las aplicaciones y programas ABIERTOS en el equipo durante tu sesión, no solo el que estés usando en ese momento: el nombre del programa, el título de su ventana y desde qué hora está abierto. De las que ya estaban abiertas antes de que empezara tu sesión se registra que estaban abiertas, pero NO desde cuándo: esa hora es de un tiempo anterior a tu sesión.
  • Con unos minutos de retraso, quien te asignó este equipo puede consultar qué aplicaciones hay abiertas mientras tu sesión está en marcha.
  • La dirección de las páginas web que abres en el navegador: el sitio y la página, por ejemplo «ejemplo.com/facturas». NUNCA se guarda la parte de la dirección que va después de «?», que es donde suelen viajar claves, enlaces de acceso y datos personales.
  • Esto también ocurre en ventanas de incógnito o de navegación privada: durante tu sesión, esas direcciones se registran igual.
  • Los títulos de las ventanas, que pueden incluir lo que buscas o los documentos que abres.
  • El tiempo de uso durante la sesión: cuánto tiempo hay actividad, cuánto no la hay y cuánto pasas en cada aplicación y en cada sitio web.
  • El nombre de usuario de Windows con el que está iniciada la sesión en ese equipo. En una sala de informática suele ser una cuenta compartida y no identifica a nadie: quien queda identificado eres tú, por la cuenta de RemoteHub con la que te conectas.
  • Cuando la política de la organización lo habilita en Windows, los comandos ejecutados que Windows ya audita durante tu sesión (por ejemplo, el registro de bloques de script de PowerShell).
  • Que hubo una transferencia de portapapeles durante tu sesión: cuándo, en qué sentido fue y cuántos caracteres tenía. NUNCA su contenido, y tampoco una huella ni un resumen de ese contenido, porque la huella de una contraseña sigue sirviendo para adivinarla.

Quién lo ve

Quién lo ve: solo el propietario del equipo y, si ese propietario es una organización, sus administradores, la persona designada por esa organización para auditarla y el jefe del área que corresponda. Todos ellos pueden consultarlo; ni quien audita ni un jefe de área pueden modificar ni borrar nada de lo registrado. Nadie más: no lo ven tus compañeros y no se vende ni se cede a terceros. Qué es un jefe de área: muchas organizaciones se dividen en áreas —por ejemplo Contabilidad, Sistemas o Biblioteca—, y cada área tiene una persona al frente y, si la hay, quien la sustituye cuando falta. Esa persona ve ÚNICAMENTE lo de su propia área, y por dos caminos: las conexiones que hacen las personas de su área, y las conexiones que cualquiera hace a los equipos de su área, que son tanto los que están asignados a ella como los que esa área instaló aunque hoy estén en otro sitio. De las demás áreas no ve nada. Así que, si te conectas desde un área a un equipo de otra, esa conexión la ven los dos jefes: el de tu área, porque la conexión la hiciste tú, y el del área del equipo, porque el equipo es suyo. Cada uno ve ESA conexión, no el resto de lo que pasa en el área del otro. Qué NO puede hacer un jefe de área: no puede cambiar ni borrar nada de lo que se ha registrado, no puede ver lo de otras áreas, y de las conexiones que se aceptaron con una versión anterior de este aviso no puede ver la actividad registrada, porque aquel texto no le nombraba.

Cómo lo ves tú

Cómo se ve en el equipo: mientras se está registrando, en la pantalla de ese equipo hay un indicador visible que no se puede cerrar. Aparece y desaparece a la vez que el registro: si el indicador no está, no se está registrando nada. Se puede mover, pero nadie puede ocultarlo para seguir registrando: si Windows lo tapa —un aviso de permisos del sistema, la pantalla de bloqueo—, la captura se pausa con él, y las dos vuelven juntas. En él se consulta en cualquier momento qué se está registrando exactamente, porque eso puede variar según lo que haya configurado el propietario de ese equipo. Si alguien está físicamente delante de ese equipo mientras dura tu sesión, verá ese indicador y su actividad quedará en el mismo registro. Y lo que esa persona copie en ese equipo mientras dura tu sesión puede llegar a tu portapapeles igual que lo tuyo llega al suyo.

Qué NO se registra

Qué NO se registra: no se registran las pulsaciones de tu teclado ni tus contraseñas; no se lee el contenido de las páginas, de tus mensajes ni de tus archivos; no se graba tu pantalla de forma continua, ni tu cámara, ni tu micrófono. El portapapeles es la ÚNICA excepción a todo esto, y por eso va dicha aquí y no escondida en una nota: durante tu sesión, lo que se copie en cualquiera de los dos equipos puede pasar al otro, porque es lo que hace falta para poder copiar y pegar entre ellos. Fuera de la sesión no se toca, no se va a buscar lo que se hubiera copiado antes de que empezara, y ese contenido no se guarda en ningún sitio: ni en el registro de actividad, ni en la auditoría, ni en un archivo, ni en un mensaje de error. Se retransmite en el momento y se olvida; de la transferencia queda sólo el hecho, sin una letra de lo que iba dentro. Si vas a copiar una contraseña durante una sesión remota, ten en cuenta que puede acabar en el otro equipo. No se instalan capturadores de teclado, ni extensiones de navegador, ni componentes ocultos: la dirección se lee de la barra de direcciones con las funciones de accesibilidad que Windows ofrece a cualquier programa, las mismas que usa un lector de pantalla. De la dirección se guarda como mucho el sitio y los dos primeros tramos de la página; el resto se sustituye por «…», y las partes que parecen una clave o un dato personal, por «oculto». Por eso lo que queda registrado describe qué página abriste, pero no sirve como enlace para entrar en tu cuenta ni en tus documentos.

Cuánto se guarda

Cuánto se guarda: la actividad registrada se borra automáticamente a los 90 días. Ese plazo es fijo y hoy la organización no puede alargarlo desde el producto.

Tus derechos

Tus derechos: puedes pedir al propietario del equipo una copia de lo que se ha registrado sobre ti y solicitar que se corrija o se borre. Si el equipo es de una organización, la responsable de estos datos es esa organización y RemoteHub los trata por cuenta de ella; si el equipo es de una persona, esa persona es la responsable. Como te conectas con tu propia cuenta de RemoteHub, lo registrado durante tus sesiones queda atado a ella y se puede identificar sin ambigüedad.

La supervisión la activa el PROPIETARIO del equipo al que te conectas, no RemoteHub, y puede ser una organización o una persona. RemoteHub no decide quién la enciende ni para qué. Si no estás de acuerdo con que se registre tu sesión, no aceptes: no te conectarás a este equipo, pero nada más ocurre. Si necesitas usarlo igualmente, háblalo con quien te lo asignó.

Si aceptas, la conexión continúa y durante ella se registrará lo que este aviso describe, y el portapapeles se compartirá entre los dos equipos como se explica arriba. Si no aceptas, la conexión se cierra ahora mismo y no se registra ninguna actividad tuya; queda constancia únicamente de que se te mostró este aviso y de que no lo aceptaste. Aceptar no te quita ninguno de tus derechos.

Precisión

También puede activarse en un equipo personal

Quien puede encender la supervisión de un equipo es su dueño, o el dueño o administrador de la organización a la que pertenezca ese dueño. La primera de las dos vías no comprueba en ningún momento que el equipo esté vinculado a una organización: una cuenta gratuita, sin institución detrás, puede activar la supervisión sobre su propio equipo. Si en tu casa hay un equipo con RemoteHub instalado y la cuenta no es tuya, la supervisión puede estar encendida ahí igual que en un aula.

Lo que no cambia nunca es quién decide: siempre el dueño del equipo, nunca RemoteHub. Y tampoco cambia nada de lo demás — el indicador en pantalla durante la sesión, el aviso que hay que aceptar para conectarse y este documento se aplican igual, sea el equipo de una universidad o de un particular.

Precisión

Ahora sí: sin consentimiento no se registra nada

Hasta la versión anterior de este aviso, esta página decía —con todas las letras— que la frase «no registramos nada sin tu consentimiento» sería falsa. Y lo era: el título de las ventanas, el nombre de los programas, el tiempo de uso y el usuario de Windows se registraban desde el primer segundo en que la organización encendía la supervisión, sin que nadie aceptara nada.

Eso se acabó. Con el modelo por sesión no hay ninguna categoría que se registre sin consentimiento, porque no hay ninguna que se registre fuera de una sesión, y ninguna sesión llega a existir si quien se conecta no ha aceptado el aviso. Las tres casillas de antes se quedan en una:

  • Todo depende del consentimiento de quien se conecta: el título de las ventanas, el nombre de los programas, el tiempo de uso, el usuario de Windows, los comandos auditados, las direcciones web y el inventario de aplicaciones. Si esa persona no acepta, la conexión no se establece y no se registra ni un dato.
  • Y encima cada cosa puede estar apagada por su lado: las direcciones web, el inventario de aplicaciones y los comandos vienen apagados de fábrica y la organización tiene que encenderlos aparte. El consentimiento es el techo, no el suelo: aceptar no enciende nada que la organización no haya encendido.

El servidor lo comprueba por su cuenta y no se fía de lo que le diga el equipo: si le llega actividad que no pertenezca a una sesión con consentimiento registrado, la descarta.

Precisión

No aceptar sí tiene consecuencia: no te conectas

Antes, no aceptar el aviso mantenía vetadas dos categorías y nada más; el equipo seguía funcionando igual y el registro base seguía corriendo. Ahora es distinto y conviene que lo sepas antes de encontrártelo: si no aceptas, la conexión se cierra y no llegas a usar ese equipo en remoto.

A cambio, no se registra ninguna actividad tuya: la negativa ocurre antes de que el equipo sepa siquiera que alguien lo intentaba. Queda constancia únicamente de que se te mostró el aviso y de que no lo aceptaste — esa constancia existe para poder acreditar que se respetó tu negativa, no para reprochártela.

Es un intercambio más honesto que el anterior, pero no es gratis, y tiene un límite legal que preferimos nombrar: condicionar el uso de una herramienta a aceptar un registro solo se sostiene porque el equipo es de quien lo supervisa y porque siempre queda la salida de no conectarse. Está explicado en la sección 8 de la política de privacidad.

Precisión

El plazo de 90 días es del sistema, no lo configura tu organización

Hay un barrido automático diario que borra la actividad registrada y el inventario de aplicaciones pasados 90 días. Es un único valor para toda la plataforma: hoy no existe ningún ajuste por organización para alargarlo ni para acortarlo, y el aviso ya no promete lo contrario.

Precisión

Tu organización puede activarla para todos sus equipos de golpe

Además del interruptor equipo por equipo, existe una política de empresa —«siempre activa en todos mis equipos, presentes y futuros»— que manda sobre el ajuste individual. Si tu organización la tiene puesta, cualquier equipo nuevo nace supervisado. No aparecía mencionada en ninguna parte de esta página y debía aparecer.

Precisión

Qué dice el indicador, y de dónde lo saca

Las direcciones web, el inventario de aplicaciones y los comandos llegan apagados de fábrica y requieren que la organización los encienda a propósito; el título de la ventana no. El indicador lo tiene en cuenta: el resumen de qué se registra lo calcula con la configuración viva de ese equipo y lo muestra sin tener que abrir nada. Antes no era así —el texto era fijo y mencionaba siempre las direcciones web y las aplicaciones abiertas, aunque estuvieran desactivadas, y lo único veraz estaba escondido detrás de «Detalles»—, y lo dejamos dicho aquí porque quien evaluó el producto con esa versión merece saber qué cambió.

El resumen solo nombra sin condición lo que se registra siempre que se capture: el programa que está en primer plano y el tiempo de uso. Las direcciones web, el inventario de aplicaciones y los comandos aparecen ahí únicamente si están encendidos en ese equipo. Hasta esta versión el resumen empezaba siempre por «apps abiertas» aunque el inventario estuviera apagado —y el desglose de esa misma insignia decía dos líneas más allá «Aplicaciones abiertas: NO se registran»—; era el último resto del desajuste que este recuadro venía anunciando, y ya no está.

Si alguna vez encuentras una diferencia entre lo que dice el indicador y lo que dice su desglose, o entre cualquiera de los dos y esta página, es un error nuestro y queremos saberlo: el desglose por categorías y el bloque «En ese equipo, ahora mismo» del aviso son los que se construyen con la configuración viva, así que ésos son los que manda comparar.

Sección 5

Límites y fallos conocidos

Nada de lo que sigue es un secreto que nos hayan sacado: son cosas que sabemos y que preferimos que leas aquí antes que descubrirlas por tu cuenta.

  • El indicador puede quedar tapado. El sistema comprueba que el indicador esté activo, no que tú lo estés viendo: una aplicación a pantalla completa exclusiva (un juego, una presentación) puede quedar por encima. Si el indicador no consigue mostrarse repetidamente, la captura se apaga en vez de seguir a oscuras.
  • La etiqueta de «incógnito» no es fiable. Se deduce de las palabras del título de la ventana, así que puede faltar. Lo que sí es seguro es lo que ya dice el aviso: en incógnito las direcciones se registran igual. No trates esa etiqueta como una garantía.
  • Ficheros de diagnóstico en tu equipo. El componente que permite controlar la pantalla de bloqueo escribe registros técnicos locales. No contienen ni imágenes ni teclas —solo contadores, nombres de escritorio y códigos de error de Windows— pero uno de ellos incluye tu nombre de usuario de Windows, se guarda en una carpeta no protegida por usuario y no se rota nunca, así que crece sin límite. Es el punto más flojo que tenemos en higiene de datos dentro del equipo y está identificado para corregirse.
  • La descarga de tus datos no incluye la actividad supervisada. Si tienes cuenta de RemoteHub puedes descargar tus datos personales en un archivo, pero hoy ese archivo no lo incluye todo, y lo que falta no se pide todo en el mismo sitio: los eventos de actividad, el inventario de aplicaciones y los acuses de consentimiento de supervisión los decidió capturar tu organización, así que esos se los pides a ella. El histórico de reservas y los datos de tu plan y facturación son nuestros: esos nos los pides a nosotros, por el correo del pie de esta página, y te los entregamos.
  • Todos nuestros servidores están fuera de Colombia. La web, la API, la base de datos y el servidor de retransmisión están alojados en proveedores constituidos en Estados Unidos. Es una transferencia internacional de datos y lo declaramos en la Política de Privacidad.
  • Lo que no podemos verificar nosotros. No hemos auditado si el proveedor del servidor de retransmisión guarda registros propios de conexión: eso depende de su contrato, no de nuestro código. Preferimos decirlo a dar una garantía que no nos corresponde dar.

Sección 6

Tus derechos y qué hacer si no estás de acuerdo

Quién responde por esto

Depende de quién sea el equipo, y son dos casos distintos. Si el equipo es de una universidad o de una empresa, en lenguaje jurídico esa organización es el Responsable del tratamiento y RemoteHub es el Encargado. Si el equipo es de una cuenta particular y no hay ninguna organización detrás, el Responsable somos nosotros.

En lenguaje llano: en el primer caso, quien decide vigilar, qué se registra y quién lo consulta es tu universidad o tu empresa. Nosotros ponemos la herramienta y tratamos esos datos por cuenta de ella, siguiendo sus instrucciones. Por eso tus peticiones se dirigen primero a esa organización: no podemos entregarte ni borrar unos datos que no son nuestros sin que ella nos lo indique. En el segundo caso no hay a quién reenviarte: escríbenos y lo tramitamos nosotros, por el procedimiento de la sección 14 de la Política de Tratamiento.

Eso no nos deja al margen. Respondemos de la seguridad, la confidencialidad, la minimización de lo que se recoge y de que el consentimiento quede correctamente registrado. El reparto exacto de obligaciones entre las dos partes está publicado en el anexo de tratamiento de datos para instituciones, por si quieres enseñárselo a la tuya.

Los derechos que te da la ley colombiana

Aplica la Ley 1581 de 2012 (habeas data) y el Decreto 1377 de 2013. La autoridad es la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC). No aplica el reglamento europeo: RemoteHub lo presta una persona natural domiciliada en Colombia, y esta es la norma que la obliga.

  • Conocer, actualizar y rectificar tus datos — es decir: pedir que te muestren lo que hay sobre ti y exigir que se corrija lo que esté mal.
  • Solicitar prueba de la autorización que diste — que te enseñen cuándo y qué aceptaste exactamente. En el caso de la supervisión esa prueba existe, y guarda qué versión del aviso se te mostró, si la aceptaste o no, cuándo, con qué cuenta de RemoteHub, para qué sesión y por qué vía entraste (reserva, contraseña del equipo, PIN o petición al dueño). Pídela con esos datos: el nombre de usuario de Windows no sirve para localizarla, porque el titular de este acuse eres tú y no la cuenta del equipo.
  • Ser informado del uso que se le ha dado a tus datos, si lo pides.
  • Presentar quejas ante la SIC por incumplimientos. Ojo al orden: la ley exige que primero reclames ante tu organización o ante nosotros; solo después de agotar ese trámite puedes acudir a la SIC.
  • Revocar la autorización y pedir la supresión de tus datos cuando no se respeten tus derechos. Con un límite honesto: la supresión no procede sobre aquello que haya que conservar por un deber legal o contractual.
  • Acceder gratis a tus datos. Sin costo, al menos una vez al mes.

Responder es facultativo

Antes de conectarte a un equipo supervisado se te muestra el aviso completo y se te pide que decidas. Lo que se registra puede revelar cosas de tu vida privada, así que no estás obligado a aceptar y nadie te puede exigir que lo hagas. Si aceptaste antes, puedes cambiar de opinión: cada conexión vuelve a preguntar, y revocar la autorización es un derecho, no un favor.

Ahora bien, sé consciente de lo que cuesta la negativa, porque ha cambiado: antes, no aceptar mantenía bloqueadas dos categorías y podías seguir usando el equipo igual. Hoy no aceptar significa no conectarte a ese equipo. Tu alternativa ya no es «usarlo sin que se registren dos cosas», es «no usarlo». A cambio, si dices que no no se registra absolutamente nada de ti. Por qué eso es admisible —y dónde está su límite— se explica en la sección 8 de la política de privacidad.

Si no estás de acuerdo con que te supervisen

  1. Habla con quien lo activó: tu organización, o el dueño del equipo si es un equipo particular. Es quien puede apagarlo. RemoteHub no puede desactivar la supervisión de un equipo por su cuenta: la decisión no es nuestra.
  2. No aceptes el aviso de supervisión. Ahora lo detiene todo: la conexión no se establece y no se registra ni un dato tuyo. El precio es que no usas ese equipo en remoto. Si lo necesitas igualmente, háblalo con quien te lo asignó.
  3. Durante una sesión remota, corta o recorta. Puedes quitar permisos o terminar la sesión desde el aviso en pantalla, en cualquier momento y sin dar explicaciones.
  4. Escríbenos. Si crees que RemoteHub está haciendo algo distinto de lo que dice esta página, queremos enterarnos: administrador@remotehubtech.com.

Un límite que también hay que decir

Ahora la actividad registrada se ata a la cuenta de RemoteHub de quien se conectó: eres identificable sin ambigüedad, y por eso el aviso te lo enseña a ti y eres tú quien lo acepta. También queda el nombre de usuario de Windows del equipo, que en una sala compartida no identifica a nadie en particular.

Dicho eso, hoy no existe una pantalla donde puedas consultar tú mismo lo que se ha registrado sobre ti: el ejercicio de tus derechos sigue pasando por una petición a la organización dueña del equipo. Antes había al menos una razón técnica —muchas personas supervisadas ni tenían cuenta—; ahora ya no la hay, así que es sencillamente una carencia del producto, y así queda dicha.

Última actualización: 2026-08-24. Aviso de supervisión versión 6. Si cambiamos algo sustancial de lo que se registra, se sube la versión del aviso y tu equipo te lo vuelve a mostrar para que lo aceptes de nuevo.